Mi chica de la limpieza recibe el viaje de su vida.

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Últimamente me había sentido muy caliente, pensando más con mi polla que con mi cerebro. Mi doncella, una adolescente, estaba en mi casa, limpiando el desorden y tratando de ganarse la vida. Se me ocurrió una gran idea: quiero verla desnuda. Saqué algo de dinero y le pedí el favor. Al principio parecía reacia, pero tomó el dinero y se desnudó de todos modos. Mientras la adolescente desnuda se inclinaba para limpiar, pude ver su coño desnudo, volviéndome loco. Estaba mirando su trasero, su culito apretado, era hermoso. La chica desnuda se puso a cuatro patas en el suelo y me miraba por encima del hombro. Estaba mirando su coño, liso y calvo. Tuve que borrar uno para evitar hacer algo de lo que pudiera arrepentirme. Sin embargo, ella me tomó por sorpresa. Continué masturbándome frente a la chica desnuda, ella se rió, mirándome, sus ojos brillaban con picardía. Ella se acercaba y yo le decía que se acercara, quería que viera bien mi gran polla. La chica desnuda se acercaba y se inclinaba, pude ver sus hermosas tetas mientras besaba la cabeza de mi polla palpitante. Pude ver la emoción en sus ojos. Ella estaba lamiendo mi polla, la estaba chupando, se estaba burlando de mí. Ella estaba jugando con mis pelotas, las tenía en la mano. Ella era muy buena haciendo mamadas, concentrándose en mi punta ya que todavía no podía tomar toda mi polla. Ella se estaba divirtiendo, haciendo ruidos de sorbidos y bajándose hasta el final. Luego, la chica desnuda se puso en posición de vaquera inversa mientras yo estaba acostado. Ella se estaba levantando mientras sostenía mis rodillas, su trasero rebotaba en mi polla. Le doy una palmada en el culito con placer, su coño apretado y húmedo es todo lo que puedo pedir. Como ella se estaba cansando, tomé la iniciativa y me la follé. Cambiamos a perrito, donde ella se convirtió en un desastre sumiso, gimiendo por una polla. La sujeté y la estrangulé, con sus paredes apretándome, haciéndome correrme dentro de su apretado coño. Seguí arando su coño con sus gemidos que me mantenían activo. Estábamos en vaquera, ella saltaba sobre él y se frotaba el clítoris. Para terminar, cambiamos a vaquera inversa, donde ella estaba agarrando el armazón de la cama, rebotando sobre él hasta que ambos nos corrimos.